Saga Crepúsculo


 
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 .*. Sol de Medianoche .*.

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Cristi_Cullen
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MensajeTema: .*. Sol de Medianoche .*.   Mar Mar 25, 2008 8:00 pm

Like a Star @ heaven Aqui os dejo el primer capitulo de este libro:
(Como seguramente ya sabeis, este libro es igual que Crepúsculo pero narrabo por Edward)
Like a Star @ heaven

1. A primera vista.


Esta era la parte del día en la que desearía ser capaz de dormir.


El instituto.


¿O quizás era el purgatorio la palabra adecuada? Si había alguna forma de pagar por mis pecados, esto debía de contar de algún modo. El tedio no era algo a lo que me acostumbrase; cada día parecía más monótonamente imposible que el anterior.


Supongo que esta era mi forma de dormir – si definimos dormir como el estado inerte entre periodos de actividad.


Observé las grietas que corrian a través de la escayola en la esquina más alejada de la cafeteria, imaginando dibujos en ellas que no estaban alli. Era una forma de desconectar las voces que parloteaban como el caudal de un rio en mi cabeza.


Ignoraba varios centenares de esas voces por aburrimiento.


Cuando se trataba de la mente humana, lo había escuchado todo y algo más.

Hoy, todos los pensamientos estaban consumidos en el vulgar drama de una nueva adición al pequeño cuerpo de estudiantes. Hacia falta muy poco para alterarlos a todos. Había visto su rostro repetido en cada pensamiento desde cada ángulo posible. Simplemente otra chica humana. La excitación sobre su llegada era tediosamente predecible – como enseñarle un objeto brillante a un niño. La mitad de los chicos del rebaño ya se imaginaban a si mismos enamorados de ella, simplemente por que era algo nuevo a lo que mirar. Intenté apagar sus voces con más insistencia.

Solo había cuatro voces que bloqueaba, más por cortesía que por desagrado: mi familia, mis dos hermanos y dos hermanas, que estaban tan acostumbrados a la falta de privacidad en mi presencia que raramente pensaban en ello. Yo les daba toda la privacidad que podía. Intentaba no escuchar si podía evitarlo.


Pero aunque lo intentase, aun así…sabia.


Rosalie estaba pensando, como siempre, en si misma. Había captado su reflejo en las gafas de alguien, y se estaba regodeando en su perfección. La mente de Rosalie era una piscina poco profunda con pocas sorpresas.


Emmet estaba refunfuñando sobre un combate de lucha libre que había perdido ante Jasper esa noche. Le llevaría toda su limitada paciencia esperar hasta el final de las clases para organizar la revancha. Nunca me sentí como un intruso al leer los pensamientos de Emmet, por que nunca pensaba algo que no dijera en voz alta o que no llevase a la acción. Quizás solo me sentía culpable leyendo las mentes de los demás por que sabia que había cosas que ellos no querían que supiera. Si la mente de Rosalie era una piscina poco profunda, entonces la de Emmet era como un lago sin sombras, claro como el cristal.


Y Jasper estaba…sufriendo. Ahogué un suspiro.


Edward. Alice pronunció mi nombre en su cabeza y atrajo mi atención al instante.


Era lo mismo que si hubiese dicho mi nombre en voz alta. Me alegraba que mi nombre hubiese pasado de moda últimamente – había sido molesto; cada vez que alguien pensaba en algún Edward, mi cabeza se volvía automáticamente…


Mi cabeza no volteó ahora. Alice y yo éramos buenos en esta clase de conversaciones privadas. Era raro que alguien nos pillara. Mantuve mis ojos en las líneas de la escayola.

¿Qué tal esta aguantando? Me preguntó.


Fruncí los labios, solo un pequeño cambio en el contorno de mi boca. Nada que alertase a los demás. Podría fácilmente estar frunciendo los labios de aburrimiento.


El tono mental de Alice estaba ahora alarmado, y vi en su mente que estaba observando a Jasper con su visión periférica. ¿Hay algún peligro? Ella buscó entonces, en el futuro inmediato, entre visiones monótonas la razón que se escondía tras mi ceño fruncido.


Volví mi cabeza lentamente hacia la izquierda, como mirando los ladrillos de la pared, suspiré, y luego hacia la derecha, de vuelta a las grietas del techo. Solo Alice supo que yo estaba negando con la cabeza.


Ella se relajó. Házmelo saber si la cosa se pone fea.


Moví solo mis ojos hacia el techo, y luego de vuelta hacia abajo.


Gracias por hacer esto.


Me alegraba no poder responderle en voz alta. ¿Qué iba a decir? ¿Fue un placer? Era a duras penas eso. No disfrutaba escuchando los esfuerzos de Jasper. ¿Era realmente necesario pasar por esto? ¿No seria el camino más seguro admitir que puede que él nunca sea capaz de controlar su sed como nosotros y no forzar sus limites? ¿Por qué flirtear con el desastre?


Habían pasado dos semanas desde nuestra última cacería. No era una porción de tiempo inmensamente difícil de soportar para el resto de nosotros. Un poco incomoda en ocasiones – si un humano se acercaba demasiado, si el viento soplaba en la dirección incorrecta. Pero los humanos raramente se acercaban demasiado. Sus instintos les decían lo que sus mentes conscientes nunca entenderían: éramos peligrosos.

Jasper era muy peligroso en ese momento.

En ese instante, una joven menuda se detuvo el final de la mesa más cercana a la nuestra, se había detenido para hablar con un amigo. Sacudió su pelo corto, rubio rojizo, pasando sus dedos por el. Los calentadores trajeron su olor hacia nosotros. Yo estaba acostumbrado a cómo esos olores me hacían sentir – el dolor seco en mi garganta, el agujero que se abría en mi estomago, la automática tensión en mis músculos, el exceso de flujo de veneno en mi boca…


Esto era todo bastante normal, casi siempre fácil de ignorar. Pero era más difícil ahora, con las sensaciones más fuertes, dobladas, mientras monitoreaba la reacción de Jasper. Doble sed, en lugar de solo la mía.


Jasper estaba dejando que su imaginación se le escapara de las manos. Se lo estaba imaginando – visualizándose a si mismo levantándose de su asiento junto a Alice y situándose junto a la chica. Pensaba en agacharse y acercarse, como si fuese a susurrar algo en su oído, y dejar que sus labios acariciaran el arco de su garganta. Imaginando como la cálida corriente de su pulso se sentiría bajo su boca…


Pateé su silla.


El se encontró con mi mirada un segundo, y luego bajó la vista. Podía escuchar la vergüenza y la rebelión luchar en su cabeza.


“lo siento” murmuró Jasper.


Yo me encogí de hombros.


“no ibas a hacer nada” murmuró Alice, disparando a su disgusto. “lo vi”


Luche contra la mueca que delataría que estaba mintiendo. Debíamos permanecer unidos, Alice y yo. No era fácil, escuchar voces o ver visiones del futuro. Los dos bichos raros sobre aquellos que ya eran de por si monstruos. Protegíamos los secretos del uno y del otro.


“ayuda un poco si piensas en ellos como personas” sugirió Alice, su voz aguda y musical, demasiado rápida para que los oídos humanos pudieran entenderla, si alguien estuviese lo suficientemente cerca para escuchar. “se llama Withney. Tiene una hermanita a la que adora. Su madre invitó a Esme a aquella fiesta en el jardín, ¿recuerdas?”


“se quien es” dijo Jasper secamente. Se volvió para mirar por una de las ventanas que estaban situadas bajo los aleros alrededor de la enorme estancia. Su tono terminó con la conversación.


Él tendría que cazar esta noche. Era ridículo correr riesgos así, intentando probar su fortaleza, construir su resistencia. Jasper debería aceptar sus limitaciones y trabajar con ellas. Sus antiguos hábitos no le conducían a nuestro estilo de vida; no debería empujarse a si mismo así.


Alice suspiró en silencio y se levantó, cogiendo su bandeja de comida – su almuerzo aun intacto – con ella y dejándole solo. Sabía cuando él había tenido bastante de sus intentos por animarle. Aunque Rosalie y Emmet eran más evidentes con su relación, eran Alice y Jasper quienes conocían el estado de animo del otro mejor que el suyo propio. Como si también ellos pudiesen leer mentes – pero solo la del otro.

Edward Cullen.

Reacción refleja. Me di la vuelta cuando alguien llamó mi nombre, solo que no en voz alta, sino en el pensamiento.

Mis ojos se encontraron por un segundo con un par de ojos color chocolate muy abiertos enmarcados en un rostro pálido con forma de corazón. Conocía ese rostro, aunque nunca antes lo había visto hasta ese momento. Había estado en casi todas las cabezas humanas ese día. La nueva estudiante, Isabella Swan. Hija del jefe de policía de la ciudad, traída a vivir aquí por alguna nueva situación en su custodia. Bella. Ella corregía a todo el que utilizaba su nombre completo…


Desvié la vista, aburrido. Me llevó un segundo darme cuenta de que no había sido ella quién había pensado mi nombre.


Por supuesto ya ha perdido la cabeza por los Cullen, escuche el primer pensamiento en seguir.


Ahora reconocía la ‘voz’ Jessica Stanley – había pasado bastante tiempo desde que me molestase con su charla interna. Que descanso sentí cuando superó su equivocado enamoramiento. Solía ser casi imposible escapar de sus constantes y ridículas ensoñaciones. Hubiese deseado, en aquel tiempo, poder explicarle exactamente que hubiese ocurrido si mis labios, y la dentadura tras ellos, se hubiesen a cercado a ella. Eso habría silenciado esas molestas fantasías. El pensar en su reacción casi me hizo sonreír.


No le hará ningún bien, siguió Jessica. Ni siquiera es bonita. No se por que Eric la mira tanto…o Mike.


Ella hizo una mueca de dolor mentalmente ante el ultimo nombre. Su nuevo capricho, el popular Mike Newton, parecía ignorarla completamente. Aparentemente , no sucedía lo mismo con la chica nueva. Como el niño con el objeto brillante de nuevo. Esto puso un punto rudo a los pensamientos de Jessica, aunque estaba siendo muy amable con la recién llegada mientras le explicaba el conocimiento popular sobre mi familia. La nueva estudiante debía de haberle preguntado sobre nosotros.


Todo el mundo me esta mirando a mi también hoy, - pensó Jessica petulante para sus adentros. ¿No ha sido suerte que Bella tuviese dos clases hoy conmigo?… Seguro que Mike querrá preguntarme lo que ella…


Intenté bloquear la charla sin sentido fuera de mi cabeza antes de que la tontería y la trivialidad me volviesen loco.


“Jessica Stanley le esta contando a la nueva chica Swan todos los trapos sucios sobre el clan Cullen” le murmuré a Emmet para distraerme.


Él se rió entre dientes. Espero que lo esté haciendo bien, pensó.


“bastante poco imaginativo en realidad. Solo un leve roce de escándalo. Ni una onza de horror. Estoy un poco decepcionado.”


Y la nueva chica? ¿Esta ella también decepcionada con las habladurías?

Escuché para oír lo que esta chica nueva, Bella, pensaba de la historia de Jessica.

¿Qué era lo que veía ella cuando miraba a la extraña familia de piel pálida que era universalmente evitada?


Era algo así como mi responsabilidad conocer su reacción. Actué como un vigía, a falta de una palabra mejor, para mi familia. Para protegernos. Si alguien empezaba a tener sospechas, yo podía procurarnos una advertencia temprana y una fácil retirada. Ocurría algunas veces – algún humano con una imaginación activa veía en nosotros a los personajes de un libro o una película. Normalmente se equivocaban, pero era mejor mudarse a otro sitio que arriesgarse a un escrutinio.Muy, muy raramente, alguien adivinaba correctamente. No les dábamos oportunidad de probar sus hipótesis. Simplemente desaparecíamos, para transformarnos en nada más que un terrorífico recuerdo…

No oí nada, a pesar de que escuchaba atentamente junto donde el frívolo monologo interno de Jessica continuaba. Era como si no hubiese nadie sentado a su lado. Que peculiar, ¿se habría movido la chica? No lo parecía, ya que Jessica seguía hablándole. Miré para comprobarlo, sintiéndome algo desequilibrado. Comprobar algo que mi extra ‘oido’ podía decirme – no era algo que hubiese tenido que hacer jamás.


De nuevo, mi mirada se encontró con los mismos ojos marrones. Ella estaba sentada justo donde había estado antes, y mirándonos, algo natural, supuse, ya que Jessica seguía llenandola con los rumores locales sobre los Cullen.

Pensar en nosotros, también, seria natural.


Pero no podía oír ni un susurro.


Un tentador tono rojizo y calido se instaló en sus mejillas cuando agachó la mirada, alejándola de la embarazosa situación de ser pillada observando a un extraño. Era bueno que Jasper aun siguiese mirando por la ventana. No quería ni imaginar lo que ese charco de sangre haría a su control.


Las emociones habían quedado tan claras en su mirada como si hubiesen sido deletreadas sobre su frente: sorpresa, cuando aun sin saberlo absorbió las señales de las sutiles diferencias entre su especie y la mía, curiosidad, mientras escuchaba el cuento de Jessica, y algo más…fascinación? No seria la primera vez. Éramos hermosos para ellos, nuestra presa prevista. Luego, finalmente, vergüenza cuando la pillé mirándome.


Y aun así, aunque sus pensamientos habían quedado tan claros en sus extraños ojos – extraños, por su profundidad; los ojos marrones a veces parecían planos en su oscuridad – yo no podía oír nada excepto silencio desde el lugar en que ella estaba sentada. Nada de nada.


Sentí un instante de inquietud.


Esto no era nada con lo que me hubiese encontrado antes. ¿Pasaba algo conmigo? Me encontraba exactamente igual que siempre. Preocupado, escuché con más empeño.

Todas las voces que había estado bloqueando de repente invadieron mi cabeza.


…me pregunto que música le gustará…tal vez podría mencionarle ese nuevo cd…pensaba Mike Newton, dos mesas más allá – fijándose en Bella Swan.

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Cristi_Cullen
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MensajeTema: Re: .*. Sol de Medianoche .*.   Mar Mar 25, 2008 8:02 pm

Fíjate como la mira. ¿No es bastante que tenga a la mitad de las chicas del instituto esperando que él… Eric Yorkie estaba teniendo sulfurados pensamientos, también rondando alrededor de la chica.

…tan desagradable. Ni que fuese famosa o algo…incluso Edward Cullen esta mirando… Lauren Mallory estaba tan celosa que su rostro, debería ser de un color jade oscuro.

Y Jessica, presumiendo de su nueva mejor amiga. Vaya broma… Vitriol continuó escupiendo sus pensamientos sobre la chica.

Apuesto a que todos le han preguntado eso. Pero me gustaría hablar con ella. Pensaré en una pregunta más original…Ashley Dowling musitó.

…puede que esté en mi clase de Español… esperaba June Richardson.

…toneladas para hacer esta noche! Trigonometría y el examen de inglés. Espero que mi madre…Angela Weber, una chica callada, cuyos pensamientos eran inusualmente amables, era la única en la mesa que no estaba obsesionada con esta Bella.

Podía escucharlos a todos, oír el la cosa más insignificante que pensaban mientras pasaba por sus mentes. Pero nada de nada de la estudiante con los ojos comunicativos.


Y, por supuesto, pude escuchar lo que dijo la chica cuando le habló a Jessica. No tenia que leer mentes para escuchar su voz, clara y suave, en la parte más alejada de la estancia.


“quien es el chico con el pelo cobrizo?” la oí preguntar, lanzándome una mirada por el rabillo del ojo, solo para desviar rápidamente la vista cuando vio que yo seguía observándola.


Si había tenido tiempo para esperar que escuchar el sonido de su voz pudiese ayudarme a descifrar el tono de sus pensamientos, perdidos en algún lugar en donde yo no podía acceder a ellos, fui instantáneamente decepcionado. Normalmente, los pensamientos de la gente llegaban a ellos en el mismo tono que sus voces físicas. Pero esta voz calmada y tímida no era familiar, no era uno de los miles de pensamientos zumbando alrededor de la estancia, estaba seguro de eso. Completamente nueva.


‘Oh, buena suerte, idiota!’ pensó Jessica antes de responder la pregunta de la chica. “Ese es Edward. Es guapísimo, por supuesto, pero no malgastes tu tiempo. Él no sale con nadie. Aparentemente ninguna de las chicas de por aquí es lo suficientemente buena para él." dijo desdeñada.


Volví mi cabeza en otra dirección para ocultar mi sonrisa. Jessica y sus compañeras de clase no tenían ni idea de lo afortunadas que eran de que ninguna de ellas me apeteciera particularmente.


Bajo el humor pasajero, sentí un extraño impulso, uno que no entendí claramente. Tenia algo que ver con el giro cruel que habían dado los pensamientos de Jessica y de los que la chica nueva no sabia nada...sentí la extraña urgencia de meterme entre ellas, de proteger a esta Bella del tono oscuro de la mente de Jessica. Vaya cosa extraña para sentir. Intentando encontrar las motivaciones tras el impulso, examiné a la chica nueva una vez más.


Quizás fuese solo un instinto de protección enterrado tiempo atrás – el fuerte por el débil. Esta chica parecía mucho más frágil que sus nuevos compañeros de clase. Su piel era tan translucida que era difícil creer que le ofreciera algo de protección ante el mundo exterior. Podía ver el rítmico pulso de sangre a través de sus venas bajo la fina y pálida membrana...pero no debía concentrarme en eso. Yo era bastante bueno en esta vida que habíamos elegido, pero tenia tanta sed como Jasper y no tenia el por que de invitar a la tentación.


Había una leve arruga entre sus cejas de la que ella no parecía darse cuenta.


¡Era increíblemente frustrante! podía ver claramente que era un esfuerzo para ella sentarse ahí, tener una conversación con extraños, ser el centro de atención. Podía sentir su timidez por la forma en que ella situaba sus hombros, de aspecto débil, ligeramente curvados, como si esperase un desaire en cualquier momento. Y aun así, yo solo podía sentirlo, podía verlo, imaginarlo. No me llegaba nada excepto silencio de esa chica tan corriente. No podía oír nada. ¿Por que?


“¿nos vamos?” murmuró Rosalie, interrumpiendo mi concentración.


Alejé mi mirad de la chica con una sensación de alivio. No quería seguir fallando en esto – me irritaba. Y no quería desarrollar ningún interés en sus pensamientos simplemente por que estuviesen ocultos a mi. Sin duda, cuando descifrase sus pensamientos – y encontraría una forma de hacerlo – serian tan insignificantes y triviales como los pensamientos de cualquier humano. No merecían el esfuerzo que me costaría llegar a ellos.


“ ¿la chica nueva nos tiene miedo ya?" preguntó Emmet, que seguía esperando mi respuesta a la pregunta que me había hecho antes.


Me encogí de hombros. Él no estaba tan interesado como para exigir más información. Y yo tampoco debería estarlo.

Nos levantamos de la mesa y salimos de la cafetería.


Emmet, Rosalie y Jasper fingían ser mayores; se marcharon a sus clases. Yo estaba fingiendo un papel más joven que el suyo. Me dirigí a mi clase de biología de nivel inferior, preparando mi mente para el tedio. Era bastante dudoso que el señor Banner, un hombre de inteligencia media, se las apañara para poner algo en su lección que sorprendiese a alguien que tenia dos licenciaturas en medicina.

En la clase, me senté en mi silla y dejé que mis libros – meros accesorios; no tenían nada que yo no supiera – se desparramasen sobre la mesa. Era el único estudiante que tenia una mesa propia. Los humanos no eran lo suficientemente listos para saber que me temían, pero sus instintos de supervivencia eran suficientes para mantenerlos alejados.


La habitación fue llenándose lentamente mientras volvían del almuerzo. Me recliné en mi silla y esperé a que pasara el tiempo. De nuevo, desee poder dormir.


Por que había estado pensando en ella, cuando Angela Webber acompañó ala chica nueva al entrar por la puerta, su nombre se coló en mi atención.


Bella parece tan tímida como yo. Apuesto a que esta siendo un día duro para ella. Ojala pudiese decirle algo...pero probablemente sonaría estúpido...


Si! Pensó Mike Newton, dando ladeando su silla para ver entrar a las chicas.


Aun así, desde el lugar donde Bella Swan permanecía de pie, nada. El espacio vacío donde sus pensamientos deberían estar me irritaba y me desconcertaba.


Ella se acercó más, caminando por el pasillo para llegar a la mesa del profesor. Pobre chica, la silla que había a mi lado era la única disponible. Automáticamente, vacié lo que iba a ser su parte del pupitre, apilando mis libros en un montón. Dudaba que se sintiese cómoda allí. Iba a seguir allí durante un largo semestre – en esta clase, al menos. Quizás, pensé, al estar sentado a su lado, seria capaz de extraer sus secretos...no es que hubiese necesitado la cercanía antes...no es que fuese a encontrar nada que valiese la pena escuchar...


Bella Swan se metió en la corriente de aire caliente que el ventilador expulsaba en mi dirección.


Su aroma me golpeó como una bola de demolición, como un ariete. No había imagen lo suficientemente violenta para resumir la fuerza de lo que me ocurrió en aquel momento.


En ese instante, no había en mi nada del humano que un día fui; ni rastro de los restos de la humanidad en la que había conseguido envolverme.


Era un depredador. Ella era mi presa. No existía nada más en el mundo excepto esa verdad.


No había una habitación llena de testigos – eran ya solo daños colaterales en mi cabeza. El misterio de sus pensamientos quedó olvidado. Sus pensamientos no significaban nada, por que ella no seguiría pensando en ellos durante mucho más tiempo.


Yo era un vampiro, y ella tenia la sangre más dulce que yo había olido en 80 años.


Nunca había imaginado que un aroma así pudiese existir. Si lo hubiese sabido, la habría buscado mucho tiempo atrás. Hubiese peinado el planeta en su busca. Casi podía imaginar el sabor...


La sed quemaba en mi garganta como fuego. Mi boca estaba caliente y disecada. El fresco flujo de veneno no hizo nada para dispersar esa sensación. Mi estomago se contrajo con el hambre que era solo un eco de la sed. Mis músculos se tensaron preparados para esprintar.


No había pasado ni un segundo entero. Ella estaba aun dando el mismo paso que la había puesto en la dirección del viento hacia mí.


Mientras su pie rozaba el suelo, sus ojos se dirigieron hacia mi, en un movimiento que ella pretendía claramente que fuese furtivo. Su mirada se encontró con la mía, y me veía a mi mismo reflejado en el espejo de sus ojos.


El shock del rostro que vi allí salvó su vida por unos espinosos momentos. Ella no me lo puso fácil. Cuando procesó la expresión en mi rostro, la sangre acudió a sus mejillas de nuevo, tiñendo su piel del color más delicioso que yo jamás había visto. El aroma era una gruesa niebla en mi mente. Apenas si podía pensar. Mis pensamientos se enfurecieron, resistiéndose al control, incoherentes.


Ella caminó más rápidamente, como si entendiese la necesidad de escapar. Su precipitación la hizo torpe – tropezó y se precipitó hacia delante, casi cayéndose encima de la chica que había sentada delante de mi. Vulnerable, débil. Incluso más de lo normal par un humano.


Intenté concentrarme en el rostro que había visto en sus ojos, un rostro que reconocía con repugnancia. El rostro del monstruo que había en mí – el rostro que había estado golpeando con décadas de esfuerzo e intransigente disciplina. ¡Con que facilidad salía ahora a la superficie!


El aroma dio vueltas a mí alrededor de nuevo, destrozando mis pensamientos y haciendo que casi saltase de la silla.

No.


Mi mano se aferró al borde de la mesa mientras intentaba retenerme a mi mismo en la silla. La madera no estaba por la labor. Mi mano aplastó la materia y la aparté con la mano llena de un puñado de astillas, dejando la marca de mis dedos grabada en la madera que quedaba.


Destruir la evidencia. Esa era una regla fundamental. Rápidamente pulvericé los bordes de la forma con mis dedos, dejando nada excepto un basto agujero y un montón de astillas en el suelo, que esparcí con mis pies.


Destruir la evidencia. Daño colateral...


Sabía lo que iba a ocurrir ahora. La chica tendría que sentarse a mi lado, y yo tendría que matarla.


Los inocentes testigos de esta clase, dieciocho niños y un hombre, no podrían salir de esta estancia, habiendo visto lo que pronto iban a ver.


Me estremecí ante el pensamiento de lo que debía hacer. Incluso en mi peor época, nunca había cometido este tipo de atrocidad. Nunca había matado inocentes, no en ocho décadas. Y ahora planeaba degollar a veinte de ellos de una sola vez.


El rostro del monstruo en el espejo me hizo burla.


Incluso mientras una parte de mi se estremecía alejándose del monstruo, otra parte de mi lo estaba planeando.


Si mataba a la chica primero, solo dispondría de 15 o 20 segundos con ella antes de que los humanos de la habitación reaccionasen. Quizás algo más, si al principio no se daban cuenta de lo que estaba haciendo. Ella no tendría tiempo para gritar, o para sentir dolor; no la mataría cruelmente. Era lo mínimo que podía hacer por esta extraña con esa sangre tan horriblemente deseable.


Pero entonces tendría que evitar que escapasen. No tendría que preocuparme por las ventanas, a demasiada altura y demasiado pequeñas para ser una vía de escape para alguien. Simplemente la puerta – bloquéala y quedarán atrapados.

Seria mas lento y más difícil, intentar matarlos a todos mientras cundía el pánico y se precipitaban, moviéndose en el caos. No imposible, pero habría mucho más ruido. Tiempo suficiente para muchos gritos. Alguien lo oiría...y me vería forzado a matar a más inocentes en esta hora negra.


Y su sangre se enfriaría, mientras yo asesinaba a los demás.


El aroma me castigó, cerrando mi garganta con un dolor seco.


Los testigos primero entonces.


Lo planeé todo en mi cabeza. Estaba en la mitad de la habitación , la fila más alejada al fondo. Tomaría primero la parte derecha. Podría partir 4 o 5 cuellos por segundo, estimé. No seria ruidoso. Los del lado derecho serian los afortunados; no me verían llegar. Moviéndome desde la parte delantera hasta el final de la parte izquierda, me llevaría, como máximo, cinco segundos para acabar con cada una de las vidas de esta habitación.


Tiempo suficiente para que Bella Swan viese, brevemente, lo que le esperaba. Tiempo suficiente para que sintiese miedo. Suficiente, quizás, si el shock no hacia que se quedase de piedra en su sitio, para lanzar un grito. Un suave grito no atraería a nadie corriendo.


Respiré hondo, y el aroma era un fuego que corría a través de mis venas secas, quemando mi pecho y consumiendo cualquier buen impulso del que yo fuese capaz.

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MensajeTema: Re: .*. Sol de Medianoche .*.   Mar Mar 25, 2008 8:02 pm

Ella se estaba dando la vuelta ahora. En unos pocos segundos, se sentaría a escasos centímetros de mí.


El monstruo en mi cabeza sonrió con anticipación.


Alguien cerró una carpeta de golpe a mi izquierda. No levanté la mirada para ver cual de aquellos malditos humanos había sido. Pero el movimiento envió una ola de aire normal, una bocanada de aire sin aroma soplando en mi rostro.

Por un corto segundo, fui capaz de pensar con claridad. En ese preciado momento, vi dos rostros en mi cabeza, lado a lado.


Uno era el mío, o lo había sido: el monstruo de ojos rojos que había matado a tanta gente que yo había dejado de contar el número. Asesinatos racionalizados, justificados. Un asesino de asesinos, un asesino de otros, monstruos menos poderosos. Era un complejo de dios, lo reconozco – decidiendo quien merecía una sentencia de muerte. Era un compromiso conmigo mismo. Me había alimentado de sangre humana, pero solo en su definición más floja. Mis victimas eran, es sus variados y oscuros pasatiempos, apenas más humanos de lo que lo era yo.


El otro rostro era el de Carlisle.


No había ningún parecido entre los dos rostros. Eran el día más brillante y la noche más oscura.


No había razón para un parecido. Carlisle no era mi padre en el sentido biológico de la palabra. No compartíamos rasgos comunes. La similitud entre nuestro tono de piel era producto de lo que éramos; cada vampiro tenia el mismo tono pálido de hielo en la piel. La similitud en el color de nuestro s ojos era otra cosa – un reflejo de una elección mutua.


Y aun así, aunque no había ninguna base para las similitudes, había imaginado que mi rostro había empezado a reflejar el suyo, hasta cierto punto, en los últimos más de setenta años en que yo había abrazado su elección y seguido sus pasos. Mis facciones no habían cambiado, pero me parecía que algo de su sabiduría había marcado mi expresión, que algo de su compasión estaría trazada en la forma de mi boca, y que pedazos de su paciencia serian evidentes en mi ceño.


Todas esas pequeñas mejoras se habían perdido en el rostro del monstruo. En unos pocos momentos, no quedaría nada en mi que reflejase los años que había pasado con mi creador, mi mentor, mi padre en todas las formas que contaban. Mis ojos brillarían rojos como los del diablo; y cualquier similitud se habría perdido para siempre.


En mi cabeza, los amables ojos de Carlisle no me juzgaban. Sabía que él me perdonaría por este acto terrible que iba a cometer. Por que me quería. Por que el pensaba que yo era mejor de lo que era en realidad. Y él me seguiría queriendo, incluso aunque yo probase que se equivocaba.


Bella Swan se sentó en la silla que había a mi lado, sus movimientos rígidos e incómodos - ¿por el miedo? – y el aroma de su sangre explotó en una inexorable nube a mi alrededor.


Iba a probarle a mi padre que se equivocaba conmigo. La miseria de este hecho dolía casi tanto como el fuego en mi garganta.


Me alejé de ella con repugnancia – asqueado por el monstruo en mi interior que quería tomarla.


¿Por que había tenido que venir aquí? ¿Por que tenia que existir? ¿Por que había tenido que arruinar la paz que yo tenia en esta no-vida? ¿Por que esta irritante humana había tenido que nacer? Ella iba a ser mi ruina.


Le volví la espalda, mientras un repentino, violento e irracional odio me invadía.


¿Quien era esta criatura? ¿Por que yo, por que ahora? ¿Por que tenia que perderlo todo solo por que ella había elegido esta ciudad para aparecer?


¡Por que había tenido que venir aquí!


¡Yo no quería ser el monstruo! ¡No quería asesinar a toda aquella habitación llena de niños inofensivos! ¡No quería perder todo lo que había ganado en una vida de negación y sacrificios!


No lo haría. Ella no podía obligarme.


El aroma era el problema, el aroma terriblemente apetecible de su sangre. Si hubiese alguna forma de resistir...si solo otra oleada de aire puro pudiese limpiar mi cabeza.


Bella Swan sacudió su largo pelo oscuro en mi dirección.


¿Estaba loca? ¡Era como si estuviese envalentonando al monstruo! Tentándole.


No había ni una brisa amigable que se llevase el aroma lejos de mí. Pronto todo estaría perdido.


No, no había ni una sola brisa útil. Pero yo no tenía que respirar.


Detuve el flujo de aire en mis pulmones; el alivio fue instantáneo, pero incompleto. Aun tenía el recuerdo de su aroma en mi cabeza, su sabor en mi lengua. Ni siquiera seria capaz de resistir aunque solo fuese eso durante mucho tiempo. Pero quizás pudiese resistir una hora. Una hora. Tiempo suficiente para salir de esta habitación llena de victimas, victimas que quizás no tenían por que ser victimas. Si podía resistir una corta hora.


Era una sensación incomoda, no respirar. Mi cuerpo no necesitaba oxigeno, pero iba contra mis instintos. Yo dependía de mi olfato mucho más que de mis otros sentidos en situaciones de estrés. Mi olfato guiaba el camino en la cacería, era la primera alerta en caso de peligro. No solía cruzarme con algo tan peligroso como yo, pero la autoprotección era tan fuerte en mi especie como en el humano medio.


Incomodo, pero manejable. Más soportable que olerla a ella y no clavar mi dentadura en aquella piel tan fina, suave y translucida, hasta el pulso húmedo y caliente –


¡Una hora! Solo una hora. No debía pensar en el aroma, el sabor.


La silenciosa chica mantuvo su pelo entre nosotros, inclinándose hacia delante de modo que cayese sobre su carpeta.
No podía ver su rostro, intentar leer sus emociones en sus claros y profundos ojos. ¿Era por eso por lo que había dejado sus mechones entre nosotros como un abanico? ¿Para esconder esos ojos de mí? ¿Por miedo? ¿Timidez? ¿Para alejar sus secretos de mí?


Mi irritación inicial al ser bloqueado por sus inaudibles pensamientos era débil y pálida comparada con la necesidad – y el odio – que me poseían en ese instante. Por que odiaba a esta frágil jovencita a mi lado, la odiaba con todo el fervor con el que me aferraba a mi mismo, el amor de mi familia, mis sueños de ser alguien mejor de lo que era...Odiándola, odiando como me hacia sentir – ayudaba un poco. Sí, la irritación que sentí antes era débil, pero también, ayudaba un poco. Me aferraba a cualquier emoción que me distrajera de imaginar cual seria su sabor...


Odio e irritación. Impaciencia. ¿Es que nunca iba a terminar aquella hora?


Y cuando terminase la hora...entonces ella saldría de esta habitación. ¿Y que haría yo?


Podría presentarme. Hola, me llamo Edward Cullen. ¿Puedo acompañarte a tu próxima clase?


Ella diría que si. Seria lo más educado. Incluso aunque me tuviese miedo, y sospechaba que así era, ella seguiría la pauta y caminaría a mi lado. Debería ser fácil llevarla en la dirección incorrecta. Un coletazo de bosque se extendía como un dedo para tocar la esquina trasera del aparcamiento. Podría decirle que había olvidado un libro en mi coche...


¿Se daría alguien cuenta de que yo era la última persona con quien se la había visto? estaba lloviendo, como siempre; dos impermeables oscuros yendo en la dirección incorrecta no captarían mucho interés, ni me delatarían.


A excepción de que yo no era el único estudiante que le prestaba atención hoy – aunque nadie le prestaba una atención tan dolorosa como yo. Mike Newton, particularmente, era consciente de cada cambio en su peso mientras ella se debatía en su silla – estaba incomoda tan cerca de mi, como cualquiera lo estaría, tal y como yo había esperado antes de que su aroma hubiese destruido toda preocupación caritativa. Mike Newton se daría cuenta si ella salía de clase conmigo.


Si podía soportar una hora, ¿soportaría dos?


Me estremecí ante el dolor de la quemazón.

Ella se iría a casa, a una casa vacía. El jefe de policía Swan trabajaba todo el día. Conocía su casa, como conocía cada casa en el pequeño pueblo. Su casa estaba situada justo junto a espesos bosques, sin vecinos cercanos. Incluso si ella tuviese tiempo para gritar, que no lo tendría, no habría nadie para escucharla.


Esa seria la forma más responsable de enfrentarse a esto. Había pasado siete décadas sin sangre humana. Si aguantaba la respiración, podría aguantar dos horas. Y cuando la tuviese sola, no tendría oportunidad de que nadie más saliese herido. Y ninguna razón para apresurarse en la experiencia, agregó el monstruo en mi cabeza.


Era una argucia pensar que salvando a 19 humanos en esta habitación con esfuerzo y paciencia, yo seria menos monstruo cuando asesinase a esta chica inocente.


Aunque la odiaba, sabía que mi odio era injusto. Sabía que lo que realmente odiaba era a mi mismo. Y nos odiaría a ambos mucho más cuando ella estuviese muerta.


Pasé la hora de esta forma – imaginando las mejores formas de matarla. Intenté evitar imaginar el acto en si. Eso podría ser demasiado para mi; podía perder la batalla y acabar matando a todo el que tenia a la vista. Así que planee la estrategia, y nada más. Eso me llevó durante la hora.


Una vez, ya casi al final, ella me echó un vistazo a través de la fluida cortina de su pelo. Podía sentir el odio injustificado emanar de mi cuando me encontré con su mirada – ver el reflejo de aquello en sus aterrorizados ojos. La sangre coloreó su mejilla antes de que pudiera esconderse tras su pelo de nuevo, y yo estaba casi destrozado.


Pero el timbre sonó. Salvado por la campana – menudo cliché. Ambos estábamos salvados. Ella, salvada de la muerte. Yo, salvado de por un momento convertirme en la criatura de pesadilla que temía y odiaba.


No pude andar tan despacio como hubiese debido al salir de la habitación. Si alguien me hubiese estado mirando, habrían sospechado que algo no estaba bien en mi forma de moverme. Nadie me estaba prestando atención. Todos los pensamientos humanos seguían en la chica condenada a morir en algo más de una hora después.


Me escondí en mi coche.


No quería pensar en mi mismo teniendo que esconderme. Que cobarde sonaba eso. Pero era incuestionablemente el caso en ese momento.


No tenia la suficiente disciplina para estar cerca de los humanos en aquel instante. Concentrar todos mis esfuerzos en no matar a una de ellos me había dejado sin recursos para resistirme a los demás. Vaya desperdicio seria eso. Si iba a rendirme ante el monstruo, más me valía hacer que la rendición valiese la pena.


Puse un cd de música que normalmente me calmaba, pero poco podía hacer por mí. No, lo que más ayudaba era el fresco, húmedo aire limpio que se colaba con la llovizna por las ventanillas. Aunque podía recordar el aroma de la sangre de Bella Swan con perfecta claridad, inhalar el aire limpio fue como limpiar mi cuerpo por dentro de su infección.


Estaba sano de nuevo. Podía volver a pensar. Y podía luchar de nuevo. Podía luchar contra aquello que no quería ser.

No tenia que ir a su casa. No tenia que matarla. Obviamente yo era una criatura racional, capaz de pensar, y tenia elección. Siempre había una elección.


No lo había sentido así en la clase...pero estaba lejos de ella ahora. Quizás, si la evitaba muy, muy cuidadosamente, no habría necesidad de cambio en mi vida. Tenia las cosas ordenadas tal y como yo las quería ahora. ¿Por que tenia que dejar que nadie terrorífico y delicioso lo arruinase?


No tenia que decepcionar a mi padre. No tenia que causarle a mi madre estrés, preocupación...dolor. Si, eso heriría a mi madre adoptiva también. Y Esme era tan gentil, tan tierna, tan suave. Causarle dolor a alguien como Esme era verdaderamente inexcusable.


Que irónico que yo quisiera proteger a esa humana de los irrisorios y despectivos pensamientos de Jessica. Yo era la última persona que actuaria como protector de Isabella Swan. Ella nunca necesitaría ser protegida de algo tanto como lo necesitaba de mi.


¿Donde estaba Alice? Me pregunté de pronto ¿no me había visto asesinar a la chica Swan en una multitud de formas? ¿Por que no había venido a ayudarme – para detenerme o para ayudarme a limpiar la evidencia, lo que fuera? ¿Estaba tan absorbida observando los problemas de Jasper que no había visto esta posibilidad mucho más horrenda? ¿Era yo más fuerte de lo que pensaba? ¿Realmente no le habría hecho nada a la chica?


No. Sabía que eso no era cierto. Alice debía de estar concentrándose en Jasper fuertemente.

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MensajeTema: Re: .*. Sol de Medianoche .*.   Mar Mar 25, 2008 8:03 pm

Busque en la dirección en que sabia que ella estaría, en el pequeño edificio utilizado para las clases de inglés. No me llevó mucho tiempo localizar su ‘voz’ familiar. Y yo estaba en lo cierto. Cada uno de sus pensamientos estaba conectado a Jasper, observando sus pequeñas elecciones con un minucioso escrutinio.


Desearía poder pedirle consejo, pero al mismo tiempo, me alegraba que ella no supiera de lo que yo era capaz. Que ella ignoraba la masacre que yo había estado considerando durante la última hora.


Sentí una nueva quemazón atravesar mi cuerpo – era el ardor de la vergüenza. No quería que ninguno de ellos lo supiera.


Si pudiera evitar a Bella Swan, si pudiese apañármelas para no matarla – incluso mientras pensaba eso, el monstruo se retorció y sus dientes rechinaron en frustración – entonces nadie tendría que saberlo. Si pudiese alejarme de su aroma...


No había razón para no intentarlo, al fin y al cabo. Hacer una buena elección. Intentar ser lo que Carlisle creía que era.


La última hora de clase estaba a punto de terminar. Decidí poner mi plan en acción en ese instante. Mejor que quedarme sentado en el aparcamiento donde podía cruzarme con ella y arruinar mi intento. De nuevo, sentí un odio injustificado por la chica. Odiaba que ella tuviese ese poder inconsciente sobre mí. Que pudiese convertirme en algo que yo maldecía.


Caminé rápidamente – un poco demasiado rápidamente, pero no había testigos – a través del pequeño campus hasta la oficina. No había ninguna razón para que Bella se cruzara conmigo. La evitaría como la plaga que era.

La oficina estaba vacía a excepción de la secretaria, que era a quien quería ver.


No se dio cuenta de mi entrada silenciosa.


“¿señora Cope?”


La mujer con el pelo teñido de rojo levantó la mirada y sus ojos se abrieron desmesuradamente. Siempre les pillaban con la guardia baja, las pequeñas señales que no entendían, no importaba cuantas veces viesen a uno de nosotros.

“oh” jadeó, algo aturrullada. Ella alisó su camisa. Tonta, pensó para si misma. Es lo suficientemente joven para ser mi hijo. Demasiado joven para pensar en él de ese modo...”Hola Edward, ¿que puedo hacer por ti?” sus pestañas se agitaron tras sus gruesas gafas.


Incomodo. Pero sabia como ser encantador cuando quería serlo. Era fácil, ya que sabía instantáneamente como era aceptado cada tono o gesto.


Me incliné hacia delante, encontrándome con su mirada como si estuviese mirando en las profundidades de sus ojos planos y marrones. Sus pensamientos ya estaban aleteando. Esto debería ser simple.


“me preguntaba si podría ayudarme con mi horario” dije en la suave voz que reservaba para no asustar a los humanos.

Escuché el ritmo de su corazón aumentar.


“Por supuesto Edward, ¿como puedo ayudarte?” demasiado joven, demasiado joven, se repetía a si misma. Incorrecto, por supuesto. Yo era mayor que su abuelo. Pero de acuerdo con mi carné de conducir, ella estaba en lo cierto.


“me preguntaba si podría pasar de mi clase de biología a un nivel de ciencias superior, ¿física quizás?”


“¿algún problema con el señor Banner, Edward?”


“no, es que simplemente ya he estudiado esa materia...”


“en ese colegio adelantado al que fuisteis en Alaska, verdad?” sus finos labios se fruncieron mientras lo consideraba. Deberían estar en la universidad. He oído a los profesores quejarse. ***, Nunca una duda al responder, ni una respuesta incorrecta en un examen – como si hubiesen encontrado una forma de hacer trampa en todas las materias. El señor Vaner preferiría creer que alguien copiaba antes de admitir que había algún alumno más inteligente que él...apuesto a que su madre les da clases...”en realidad Edward, física esta bastante llena en estos momentos. El señor Banner odia tener más de 25 alumnos en una clase - ”


“yo no seria ningún problema”


Por supuesto que no. No un perfecto Cullen. “lo se, Edward. Pero no hay bastantes sitios...”


“¿podría abandonar la clase entonces? Podría usar ese periodo para estudio personal.”


“¿dejar biología?” abrió la boca. Es una locura. ¿Como de difícil puede ser aguantar una asignatura que ya conoces? debe haber algún problema con el señor Banner. Me pregunto si debería decírselo a Bob. “no tendrías bastantes créditos para graduarte.”



“me pondría al día al año que viene.”


“quizás deberías consultarlo con tus padres.”


La puerta se abrió tras de mi, pero quienquiera que fuese no pensaba en mi, así que ignoré la llegada y me concentré en la señora Cope. Me acerque algo más y abrí más mis ojos. Esto funcionaria mejor si fuesen dorados en lugar de negros. El negro asustaba a la gente, tal y como debería ser.


“por favor, señora Cope” hice mi voz tan suave e irresistible como podía llegar a ser – y podía ser considerablemente irresistible. “¿no hay ninguna otra sección a la que pueda agregarme? Estoy seguro de que debe haber un hueco en algún sitio. Biología en la sexta hora no puede ser la única opción...”


le sonreí, con cuidado de no mostrar demasiado mi dentadura par no asustarla, dejando que la expresión suavizara mi rostro.

Su corazón latió aun más rápido. Demasiado joven, se recordaba a si misma frenéticamente. “bueno, quizás podría hablar con Bob – quiero decir el señor Banner. Podría ver si...”


Un segundo fue todo lo que hizo falta para cambiarlo todo: la atmósfera de la habitación, mi misión aquí, la razón por la que me inclinaba sobre la mujer pelirroja...Lo que había tenido un sentido, ahora tenía otro.


Un segundo fue todo lo que necesitó Samantha Wells para abrir la puerta y dejar una nota de retraso en la cesta de la entrada, y apresurarse de nuevo, por querer salir del colegio. Un segundó fue lo que tardó la bocanada de aire que entró por la puerta abierta en golpearme. Un segundó fue lo que tardé en darme cuenta por que la primera persona que había entrado no me había molestado con sus pensamientos.


Me di la vuelta, aunque no lo necesitaba para estar seguro. Me di la vuelta lentamente, luchando por controlar los músculos que se rebelaban contra mí.


Bella Swan permanecía con la espalda contra la pared junto a la puerta, un trozo de papel aferrado en sus manos. Sus ojos eran incluso más grandes de lo normal mientras recibía mi feroz, inhumana mirada.


El olor de su sangre saturó cada partícula del aire en la pequeña y calida habitación. Mi garganta estalló en llamas.


El monstruo me devolvió la mirada desde el espejo de sus ojos, la mascara del mal.


Mi mano dudó en el aire sobre el mostrador. No tendría que mirar atrás para golpear la cabeza de la señora Cope contra el escritorio con fuerza suficiente para matarla. Dos vidas, en lugar de veinte. Un cambio.


El monstruo aguardo ansioso, hambriento a que yo lo hiciera.


Pero siempre había una elección – tenia que haber una.


Detuve el movimiento de mis pulmones y fijé la imagen de Carlisle ante mis ojos. Me volví hacia la señora Cope, y escuché su sorpresa interna ante el cambio de mi expresión. Se alejó de mí, pero su miedo no se formó en palabras coherentes.


Utilizando todo el control acumulado en mis años de auto negación, hice mi voz suave y uniforme. Había aire suficiente en mis pulmones para hablar una vez más, apresurándome en las palabras.


“no importa entonces. Veo que es imposible. Muchas gracias por su ayuda.”


Me di la vuelta y me lancé fuera de la habitación, intentando no sentir el calor del cuerpo de sangre calida de la chica mientras pasaba a escasos centímetros de él.


No me detuve hasta que no estuve en mi coche, moviéndome demasiado deprisa todo el camino. La mayoría de los humanos ya se habían ido, así que no había demasiados testigos. Escuché D.J. Garrett darse cuenta, y luego despreocuparse...


De donde ha salido Cullen? - es como si hubiese aparecido de la nada...ahí voy otra vez, con mi imaginación. Mamá siempre dice...


Cuando me deslicé dentro del Volvo, los otros ya estaban allí. Intenté controlar mi respiración, pero estaba luchando por aire puro como si hubiese estado a punto de ahogarme.


“Edward?” preguntó Alice, con un tono de alarma en su voz.


Negué con la cabeza.


“¿que demonios te ha pasado?” inquirió Emmet, distraído, por el momento, del hecho de que Jasper no estaba de humor para su revancha.


En lugar de responder, puse la marcha atrás. Tenia que salir de allí antes de que Bella Swan me siguiese hasta allí también. Mi propio demonio personal, dándome caza...le di la vuelta al coche y aceleré. Llegué a 40 (millas) antes de salir a la carretera. Una vez allí, llegue a 70 antes de llegar a la esquina.


Sin mirar, sabia que Emmet, Jasper y Rosalie se habían vuelto a mirar a Alice. Ella se encogió de hombros. No podía ver lo que ya había pasado, solo lo que estaba por venir.


Ella me miró entonces. Ambos procesamos lo que había visto en su cabeza, y los dos nos sorprendimos.


“¿te vas?” susurró.


Los otros me miraron.


“¿me voy?” dije entre dientes.


Ella lo vio entonces, mientras mi resolución flaqueaba y otra elección empujaba mi futuro en una dirección más oscura.


“oh.”


Bella Swan muerta. Mis ojos brillando rojos con la sangre fresca. La búsqueda que seguiría. El tiempo que esperaríamos hasta que fuese seguro salir y empezar de nuevo...


“oh.” Dijo de nuevo. El cuadro se volvió más específico. Vi el interior de la casa del jefe Swan por primera vez, vi a Bella en una pequeña cocina con armarios amarillos, de espaldas a mí mientras yo la acechaba desde las sombras...dejando que el aroma me empujase más a ella...


“para!” gruñí, incapaz de soportar nada más.


“lo siento” susurró, con ojos muy abiertos.


El monstruo se regocijó.


Y la visión en su cabeza cambió de nuevo. Una autopista de noche, los árboles a su alrededor cubiertos de nieve, proyectándose a más de 200 millas por hora.


“te echaré de menos” dijo, “no importa cuanto tiempo estés fuera.”


Emmet y Rosalie intercambiaron una mirada de aprensión.


Estábamos casi en el desvío que llevaba a la larga carretera que llevaba a nuestra casa.


“déjanos aquí”, dijo Alice. “deberías decírselo a Carlisle tu mismo.”


Asentí y el coche se detuvo de repente.


Emmet, Rosalie y Jasper salieron en silencio; harían que Alice lo explicara todo cuando yo me hubiese ido. Alice tocó mi hombro.


“Harás lo correcto” murmuró. No era una visión esta vez – una orden. “ella es la única familia de Charlie Swan. Eso le mataría a él también.”


“sí.” Dije de acuerdo con la última parte.


Salió para unirse a los demás, sus cejas juntas en ansiedad.


Desaparecieron en el bosque, fuera de mi vista antes de que pudiese darle la vuelta al coche.


Aceleré de nuevo hacia la ciudad, y supe que las visiones de Alice iban a ir cambiando de la oscuridad a la luz como una luz estrobóstopica. Mientras volvía a Forks a 90, no estaba seguro de a donde iba. ¿A decirle adiós a mi padre? ¿O a abrazar al monstruo que había en mi interior? La carretera voló bajo mis neumáticos.

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